El drama oculto de un campeón

El posible regreso de Michael Phelps a la competición recuerda a la intentona realizada por Ian Thorpe. Mientras entrenaba, el australiano escribió una autobiografía en la que reconoció su lucha durante años contra la depresión e incluso haber planeado su suicidio

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Las aguas de las piscinas de todo el mundo andan más revueltas que de costumbre. El más grande nadador de todos los tiempos podría volver a la alta competición. Michael Phelps, el ‘tiburón de Baltimore’, el deportista con más medallas olímpicas de la historia (22 medallas, 18 de oro), se plantea regresar con la vista puesta en los Juegos de Río. Se retiró en 2012 tras las Olimpiadas de Londres con solo 27 años. Ya ha pasado dos controles antidopaje para poder participar en las pruebas de clasificación de su país. Y ha declarado que si verdaderamente se lo propone, lo hará.

Poco antes, en 2010, la estrella que le había precedido en el firmamento de la natación anunciaba lo mismo. Ian Thorpe, el ‘Thorpedo’, se tiraba de nuevo a la piscina con el objetivo de clasificarse para Londres 2012. La decisión la tomó en un largo vuelo desde Chicago a la capital inglesa. Lo cuenta en una autobiografía que escribió al tiempo que se entrenaba para su vuelta. ‘Ian Thorpe. This is me’, se titula (no hay traducción al castellano, ni probablemente la habrá). En un libro de poco más de 300 páginas, el australiano recoge en una especie de diario sus sensaciones en los entrenamientos, entremezclándolas con los recuerdos de su primera y exitosa etapa como nadador. Lo hace desde una pequeña localidad suiza donde se refugió para entrenarse al lado de Gennadi Touretski, el prestigioso ‘gurú’ ruso que guió durante toda su carrera a Alexander Popov, considerado el mejor velocista de siempre. ¿Por qué en Suiza y no es Australia, su tierra natal? Aquí empieza lo verdaderamente interesante del relato. No son sus medallas y récords, de sobra conocidos, sino los pensamientos que hay en la mente de un deportista de élite sometido a una presión que terminó por superarle.

Cuenta Thorpe que cuando reanudó sus entrenamientos, todavia en Australia, iba rotando de piscina en piscina para evitar sospechas. En su país todos le conocen y verlo en una piscina no podía dejar de llamar la atención. Tuvo incluso que llegar a un acuerdo con un instituto privado de los suburbios de Sidney para que le cediesen su piscina. Finalmente todo se descubrió y decidió ‘huir’ de su país a Suiza, a entrenar con el grupo de Touretski. El acoso de la prensa fue precisamente uno de los motivos que le llevaron a dejar la natación en 2006 con solo 24 años. Debutó internacionalmente en 1997, convirtiéndose en el hombre más joven en representar al equipo australiano. Tenía solo 14 años. Desde entonces los medios no le dejaron en paz. A cada medalla que conseguía y a cada récord que pulverizaba le seguía un redoblado acoso. Que si era gay, que si se dopaba, que si estaba pasado de peso… En la fase final de su primera etapa, recluido en Los Ángeles, alquilaba coches de segunda mano y cambiaba constantemente de lugar de entrenamiento para despistar a los paparazis. Si por aquí la prensa rosa se interesa por personajes como Belén Esteban, Kiko Rivera y compañía, en Australia tenían a su mejor nadador como diana.

Pero la verdadera razón por la que dejó la natación no era esa. El acoso mediático fue solo un elemento más. El otro es más básico. ‘¿Qué habría sido de mí de no haber sido nadador?’, se preguntó. Con entrenamientos seis días a la semana -más de 10 kilómetros cada día-, el despertador sonando a las 4.30 de la mañana, años viendo solo la línea azul de la piscina, tomando pastillas para poder dormir entre entrenamiento y entrenamiento, la vida se le había escapado. Algo parecido le pasó a Michael Phelps. Le pillaron fumando marihuana y de fiesta en fiesta. Por eso se retiran tan jóvenes. Porque el agua absorbe demasiado y no ‘viven’. Luego se arrepienten y vuelven. Normalmente ya nada es igual. En el caso de Thorpe había algo más, algo que no había confesado a su familia: sufría desde hace años depresiones que le llevaron a beber demasiado -siempre a escondidas. En concreto, le dio por el vino- e incluso pensó en suicidarse. Y no fue solo un pensamiento. Llegó a planear el cómo.

“Mis momentos más oscuros solian durar un mes y era entonces cuando pensaba en ‘ello’”, reconoce. Tuvo que tomar antidepresivos y ansiolíticos. “Incluso hoy, cuando estoy feliz con mi vida, tengo que sobrellevar esta grave enfermedad. Es una tarea diaria. Cuando me despierto, todos los días pueden ser malos y me doy cuenta de que es algo con lo que tendrá que convivir durante toda mi vida”, reconoce una vez que su asalto a Londres terminó sin éxito. A los deportistas se les exige todo, desde récords y medallas a un comportamiento intachable. Deben ser un ejemplo para los niños. Cierto que algunos de ellos ganan mucho dinero, pero esa tarea más parece destinada a un santo que para un ser humano.
Autor:El correo.com

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